
La autoaceptación es la esencia de todo el problema moral y la culminación de una visión integral de la vida. Dar de comer al hambriento, perdonar una ofensa, amar al enemigo en nombre de Cristo: sin duda, todas estas son grandes virtudes. Lo que hago al más pequeño de mis hermanos, se lo hago a Cristo. Pero ¿qué ocurre si descubro que el más pequeño de todos, el más pobre de los mendigos, el más insolente de los ofensores, el mismísimo enemigo, que todo esto reside en mí, y que yo mismo necesito la caridad de mi propia bondad, que yo mismo soy el enemigo que debe ser amado? ¿Qué sucede entonces? Por lo general, la actitud del cristiano se invierte; ya no hay lugar para el amor ni la paciencia; le decimos al hermano que llevamos dentro «¡Raca!», y nos condenamos y nos enfurecemos contra nosotros mismos. Lo ocultamos al mundo; nos negamos a admitir que alguna vez hayamos encontrado en nosotros a este ser tan humilde.
Recuerdos, Sueños, Reflexiones

C.G. Jung
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