
«Amar a alguien es como mudarse a una casa», solía decir Sonja. «Al principio te enamoras de todo lo nuevo, te preguntas cada mañana si es tuya, como si temieras que alguien entrara de repente y dijera que se había cometido un grave error y que simplemente no estaba destinada a ser tuya. Pero con el paso de los años, la fachada se desgasta, la madera se agrieta aquí y allá, y empiezas a amar esta casa no tanto por todo lo que es perfecta, sino por todo lo que no lo es. Te familiarizas con todos sus rincones. Cómo evitar que la llave se atasque en la cerradura si hace frío afuera. Qué tablas del suelo ceden un poco al pisarlas, y exactamente cómo abrir las puertas para que no crujan. Eso es todo, todos esos pequeños secretos que la convierten en tu hogar.» – Fredrik Backman, Un hombre llamado Ove
Un hombre llamado Ove

Fredrik Backman
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