
Si nos centramos constantemente solo en las dificultades de nuestro camino, seguramente nos perderemos la hermosa flor o el arroyo que nos ofrece el Padre amoroso que nos guió en nuestra senda. Cada día puede traer más alegría que tristeza cuando nuestros ojos, tanto terrenales como espirituales, están abiertos a la bondad de Dios. La alegría del evangelio no comienza solo en la otra vida. Es un privilegio que disfrutamos ahora mismo, en este preciso día. Nunca debemos permitir que nuestras cargas opaquen nuestras bendiciones. Siempre habrá más bendiciones que cargas, aunque algunos días no lo parezca. Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». Disfruta de esas bendiciones ahora mismo. Son tuyas y siempre lo serán.

Jeffrey R. Holland
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