William Goldman

El príncipe encontró a Buttercup esperando tristemente fuera de las puertas de su habitación. —Es mi carta —comenzó ella—. No puedo arreglarlo. —Pasa, pasa —dijo el príncipe con dulzura—. Tal vez podamos ayudarte. Ella se sentó en la misma silla de antes. —Está bien, cerraré los ojos y escucharé; léeme. —Westley, mi pasión, mi dulce, mi único mío. Vuelve, vuelve. De lo contrario, me mataré. Tuya en tormento, Buttercup. —Miró a Humperdinck—. ¿Y bien? ¿Crees que me estoy lanzando a sus brazos?
– William Goldman –


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El príncipe encontró a Buttercup esperando tristemente fuera de las puertas de su habitación. —Es mi carta —comenzó ella—. No puedo arreglarlo. —Pasa, pasa —dijo el príncipe con dulzura—. Tal vez podamos ayudarte. Ella se sentó en la misma silla de antes. —Está bien, cerraré los ojos y escucharé; léeme. —Westley, mi pasión, mi dulce, mi único mío. Vuelve, vuelve. De lo contrario, me mataré. Tuya en tormento, Buttercup. —Miró a Humperdinck—. ¿Y bien? ¿Crees que me estoy lanzando a sus brazos?

La princesa prometida


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William Goldman


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