
Oh, cuán incomprensible era todo, y en realidad triste, aunque también hermoso. Uno no sabía nada. Uno vivía y corría por la tierra y cabalgaba por los bosques, y ciertas cosas parecían tan desafiantes, prometedoras y nostálgicas: una estrella en el atardecer, una campanilla azul, un estanque verde junco, el ojo de una persona o de una vaca. Y a veces parecía que algo nunca visto pero largamente deseado estaba a punto de suceder, que un velo caería sobre todo, pero luego pasaba, no sucedía nada, el enigma permanecía sin resolver, el hechizo secreto intacto, y al final uno envejecía y parecía astuto… o sabio… y aún así uno quizás no sabía nada, seguía esperando y escuchando.
Narciso y Goldmundo

Hermann Hesse
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