
Fundamentalmente, por lo tanto, cualquier persona puede, incluso en tales circunstancias, decidir qué será de sí misma, tanto mental como espiritualmente. Puede conservar su dignidad humana incluso en un campo de concentración. Dostoievski dijo una vez: «Solo hay una cosa que temo: no ser digno de mis sufrimientos». Estas palabras me vinieron a la mente con frecuencia después de conocer a aquellos mártires cuyo comportamiento en el campo, cuyo sufrimiento y muerte dieron testimonio de que la última libertad interior no se puede perder. Se puede decir que fueron dignos de sus sufrimientos; la forma en que los soportaron fue un auténtico logro interior. Es esta libertad espiritual —que nadie puede arrebatar— la que da sentido y propósito a la vida.
El hombre en busca de significado

Viktor E. Frankl
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