
Ojalá existiera un dogma en el que creer. Todo es contradictorio, todo es tangencial; no hay certezas en ninguna parte. Todo puede interpretarse de una manera y luego de la opuesta. Toda la historia del mundo puede explicarse como desarrollo y progreso, y también puede verse como mera decadencia y falta de sentido. ¿Acaso no hay verdad? ¿No existe una doctrina real y válida? Joseph Knect le dijo a su maestro de música: «Hay verdad, muchacho. Pero la doctrina que anhelas, el dogma absoluto y perfecto que solo proporciona sabiduría, no existe. Tampoco deberías anhelar una doctrina perfecta, amigo mío; más bien, deberías anhelar la perfección en ti mismo. La divinidad está dentro de ti, no en ideas ni en libros. La verdad se vive, no se enseña.
El juego de abalorios

Hermann Hesse
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