
Observamos que, en el mundo orgánico, a medida que el reflejo se vuelve más oscuro y débil, la gracia se vuelve cada vez más radiante y dominante. Pero así como dos líneas se cruzan en un lado de un punto y, tras atravesar el infinito, vuelven a unirse repentinamente en el otro lado; o como la imagen en un espejo cóncavo reaparece ante nosotros tras alejarse en la distancia infinita, así también la gracia regresa una vez que la percepción, por así decirlo, ha atravesado el infinito, de tal manera que se manifiesta simultáneamente en su máxima pureza en las estructuras corporales humanas que carecen de conciencia o que poseen una conciencia infinita, como en el maniquí articulado o en el dios.
Prosa seleccionada

Heinrich von Kleist
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