
Dios no está compuesto de partes, como las criaturas. Dios es espíritu, sin dimensiones corporales. En primer lugar, ningún cuerpo puede causar un cambio sin cambiar él mismo. En segundo lugar, las cosas con dimensiones son susceptibles de división. Pero el punto de partida de toda existencia debe ser completamente real y no potencial en absoluto: aunque las cosas que se realizan comienzan como potenciales, las precede la fuente de su realización, que debe ser ya real. En tercer lugar, los cuerpos vivos son superiores a otros cuerpos; y lo que hace que un cuerpo esté vivo no son las dimensiones que lo definen (pues entonces todo lo que tenga dimensiones estaría vivo), sino algo más excelente, como un alma. El ser más excelente de todos no puede ser un cuerpo. Así pues, cuando las Escrituras atribuyen dimensiones a Dios, utilizan la extensión espacial para simbolizar la magnitud de su poder; del mismo modo que le atribuyen órganos corporales como metáforas de sus funciones, y posturas como sentarse o estar de pie para simbolizar autoridad o fuerza.
Summa Theologiae: una traducción concisa

Tomás de Aquino
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