
veces mi mente se oscurece, y con ella cada aspecto de mi vida. Cualquier felicidad que creía conocer se ve reemplazada por una tristeza tan grande que parece afectar al mundo entero. Me convenzo de que no tengo nada que ofrecer, y de que nadie tiene nada que ofrecerme a mí tampoco. Me entrego a la desesperanza. En estos momentos oscuros me recuerdo (porque estaría demasiado perdida sin ese recordatorio) que lo que siento no es la verdad absoluta del mundo, ni mucho menos, y que aunque no pueda verlo, nada es tan terrible como la pesadilla que mi mente evoca, y que yo, y el mundo, estaremos bien. Con el tiempo, con esperanza. Lentamente, vuelvo a salir de la oscuridad. Rechazo la devoción de mi mente a la miseria y al miedo, y me dirijo hacia un camino de aceptación y amor. Me concentro en la belleza de nuestro mundo y en mí misma, y recuerdo que somos familia, todos nosotros, y que cada uno de nosotros importa. Cada uno de nosotros brilla. Sin duda.

Scott Stabile
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