Viviana Giorgi

—¿Tenía que convertirme en un elfo snob? —respondió él con diversión—. Entonces no me queda más remedio que llevarte de acampada, tarde o temprano, o a pasear en canoa, o a nadar en el lago. Ella lo miró con su mejor expresión de «Olvídalo» en el rostro. —Puedes mirarme como quieras, pero nunca digas nunca —rió él—. Oh, «nunca» es una de mis palabras favoritas. —Apuesto a que te gustaría… —¿Qué? —Acampar. Las estrellas, el silencio, las hojas susurrando con el viento, ya sabes, ese tipo de cosas. —Sin mencionar los osos, los insectos y tal vez una serpiente perdida. Me da escalofrío solo de pensarlo. Soy un elfo de ciudad de pies a cabeza, y me aterra todo lo que se mueve y no se puede domesticar. Él la miró divertido. —¿Incluyéndome a mí? Se había acercado demasiado y ahora la miraba fijamente como si quisiera devorarla, con tanta desfachatez que, por puro instinto de supervivencia, ella retrocedió un paso. No bajó la mirada, pero por un instante no supo qué decir. No es que dudara de que él también formara parte de la categoría de seres indomables y peligrosos, al menos si se dejaba guiar por las mariposas que revoloteaban en su estómago, pero ¿cómo podía responder que sí? Así que le devolvió la sonrisa, preparada para otra mentira. «Estoy convencida, depredador, de que tú, a pesar de tus gruñidos y rugidos constantes y tu probable parentesco con un oso grizzly, eres muy dócil». Él arqueó una ceja, con una expresión digna de un ganador del Óscar.
– Viviana Giorgi –


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—¿Tenía que convertirme en un elfo snob? —respondió él con diversión—. Entonces no me queda más remedio que llevarte de acampada, tarde o temprano, o a pasear en canoa, o a nadar en el lago. Ella lo miró con su mejor expresión de «Olvídalo» en el rostro. —Puedes mirarme como quieras, pero nunca digas nunca —rió él—. Oh, «nunca» es una de mis palabras favoritas. —Apuesto a que te gustaría… —¿Qué? —Acampar. Las estrellas, el silencio, las hojas susurrando con el viento, ya sabes, ese tipo de cosas. —Sin mencionar los osos, los insectos y tal vez una serpiente perdida. Me da escalofrío solo de pensarlo. Soy un elfo de ciudad de pies a cabeza, y me aterra todo lo que se mueve y no se puede domesticar. Él la miró divertido. —¿Incluyéndome a mí? Se había acercado demasiado y ahora la miraba fijamente como si quisiera devorarla, con tanta desfachatez que, por puro instinto de supervivencia, ella retrocedió un paso. No bajó la mirada, pero por un instante no supo qué decir. No es que dudara de que él también formara parte de la categoría de seres indomables y peligrosos, al menos si se dejaba guiar por las mariposas que revoloteaban en su estómago, pero ¿cómo podía responder que sí? Así que le devolvió la sonrisa, preparada para otra mentira. «Estoy convencida, depredador, de que tú, a pesar de tus gruñidos y rugidos constantes y tu probable parentesco con un oso grizzly, eres muy dócil». Él arqueó una ceja, con una expresión digna de un ganador del Óscar.

E infinita la Bestia incontrò Bella


Autor FraseaME

Viviana Giorgi


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