
Creo que si la eternidad contuviera el tormento, su forma no sería el potro de fuego, ni su naturaleza, la desesperación. Creo que en un día cualquiera, entre aquellos días que nunca amanecieron ni se pondrán, un ángel entró en el Hades; se detuvo, resplandeció, sonrió, pronunció una profecía de perdón condicional, encendió una dudosa esperanza de dicha venidera, no ahora, sino en un día y hora inesperados, reveló en su propia gloria y grandeza la altura y el alcance de su promesa: habló así; luego, elevándose majestuosamente, se convirtió en una estrella y se desvaneció en su propio Cielo. Su legado fue la incertidumbre, un mal menor que la desesperación.
Villette

Charlotte Brontë
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