
Jesús echó la cabeza hacia atrás, se incorporó por última vez para tomar aliento y exclamó: «¡Tetelestai!». Era una expresión griega que casi todos los presentes habrían entendido. Era un término contable. Los arqueólogos han encontrado recibos de impuestos en papiro con la inscripción «Tetelestai», que significa «pagado en su totalidad». Con su último aliento en la cruz, Jesús declaró cancelada la deuda del pecado, completamente satisfecha. No se requería nada más. Ni buenas obras. Ni generosas donaciones. Ni penitencia, ni confesión, ni bautismo, ni… ni… ni… nada. La pena por el pecado es la muerte, y todos nacimos irremediablemente endeudados. Él pagó nuestra deuda por completo al dar su vida para que pudiéramos vivir para siempre.

Charles R. Swindoll
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