
veces, cuando abro la Biblia para leer, un versículo salta de la página y sé que Dios me está hablando. Otras veces leo y nada parece iluminarme. A veces oro y tengo la clara sensación de que Él escucha cada palabra y me responderá. Otras veces, cuando oro, no soy consciente de su presencia. Otras veces, cuando voy a la iglesia o me aparto para reflexionar en silencio, tengo la abrumadora sensación de que Jesús está a mi lado. Otras veces, en las mismas situaciones, no soy consciente de su presencia en absoluto. Y sé, por cada experiencia —al leer la Biblia, al orar, al trabajar y al adorar—, que Él me está enseñando a vivir por la fe, no por mis sentimientos.
La magnífica obsesión

Anne Graham Lotz
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