
Por supuesto, incluso antes de Flaubert, la gente sabía que la estupidez existía, pero la entendían de forma algo distinta: la consideraban una simple falta de conocimiento, un defecto corregible mediante la educación. En las novelas de Flaubert, la estupidez es una dimensión inseparable de la existencia humana. Acompaña a la pobre Emma a lo largo de sus días, hasta su lecho de amor y hasta su lecho de muerte, sobre el cual dos ancianos mortales, Homais y Bournisien, intercambian sin cesar sus insensateces como una especie de oración fúnebre. Pero lo más impactante, lo más escandaloso de la visión de Flaubert sobre la estupidez es esto: ¡La estupidez no cede ante la ciencia, la tecnología, la modernidad, el progreso; al contrario, progresa a la par del progreso!
El arte de la novela

Milan Kundera
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