
La naturaleza, en su ensoñación creativa, soñó lo mismo aquí y allá, y si se hablaba de imitación, sin duda debía ser recíproca. ¿Acaso debíamos tomar como modelos a los hijos de la tierra por poseer la profundidad de la realidad orgánica, mientras que las flores de hielo eran meros fenómenos externos? Pero como fenómenos, eran el resultado de una interacción de la materia no menos compleja que la que se encuentra en las plantas. Si entendí bien a nuestro amable anfitrión, lo que le preocupaba era la unidad de la naturaleza animada y la llamada inanimada, la idea de que pecamos contra esta última si el límite que trazamos entre ambas esferas es demasiado rígido, cuando en realidad es poroso, puesto que no existe ninguna capacidad elemental reservada exclusivamente a los seres vivos o que el biólogo no pueda estudiar igualmente en modelos inanimados.
Doctor Fausto

Thomas Mann
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