
El único consejo que una persona puede dar sobre la lectura es, en efecto, no aceptar consejos, seguir los propios instintos, usar la razón y llegar a las propias conclusiones. Si estamos de acuerdo en esto, me siento con la libertad de proponer algunas ideas y sugerencias, pues no permitirás que limiten esa independencia, la cualidad más importante que puede poseer un lector. Al fin y al cabo, ¿qué leyes se pueden imponer sobre los libros? La batalla de Waterloo se libró, sin duda, en una fecha concreta; pero ¿es Hamlet una obra mejor que Lear? Nadie puede decirlo. Cada uno debe decidirlo por sí mismo. Permitir la entrada de autoridades, por muy bien vestidas que estén, a nuestras bibliotecas y dejar que nos digan cómo leer, qué leer, qué valor darle a lo que leemos, es destruir el espíritu de libertad que es la esencia de esos santuarios. En cualquier otro lugar podemos estar sujetos a leyes y convenciones; allí no tenemos ninguna.
El segundo libro de lectura común

Virginia Woolf
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