
Pasamos y te dejamos tirado. No hay necesidad de retórica, ni de música fúnebre, ni de toques de corneta melancólicos. No hay necesidad de lágrimas ahora, ni necesidad de arrepentimiento. Corrimos nuestro riesgo contigo; moriste y nosotros vivimos. Tomamos tu noble don, saludamos por última vez esas hileras de cruces lamentables, esos montículos solitarios, esas tumbas desconocidas, y volvemos a vivir nuestras vidas como podamos. ¿Quiénes de nosotros fuimos afortunados? ¿Quién puede decirlo? Para ti hay silencio y un crepúsculo frío que se cierne en terrible desolación sobre esas tierras inmóviles. Para nosotros, la luz del sol y el sonido de las voces de las mujeres, el canto y la esperanza y la risa, la desesperación, la alegría, el amor… la vida. Camaradas silenciosos, terribles y perdidos, nosotros, que podríamos haber muerto, os saludamos.
Caminos a la gloria

Richard Aldington
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