
Por primera vez en mi vida, leía cosas que no habían sido aprobadas por los censores del Profeta, y el impacto en mi mente fue devastador. A veces miraba por encima del hombro para ver quién me observaba, asustado a pesar de mí mismo. Comencé a intuir vagamente que el secreto es la piedra angular de toda tiranía. No la fuerza, sino el secreto… la censura. Cuando un gobierno, o una iglesia, se propone decirles a sus súbditos: «Esto no lo puedes leer, esto no lo debes ver, esto te está prohibido saber», el resultado final es tiranía y opresión, por muy nobles que sean las intenciones. Se necesita muy poca fuerza para controlar a un hombre cuya mente ha sido engañada; por el contrario, ninguna fuerza puede controlar a un hombre libre, a un hombre cuya mente es libre. No, ni el potro de tortura, ni las bombas de fisión, ni nada; no se puede conquistar a un hombre libre; lo máximo que se puede hacer es matarlo.

Robert A. Heinlein
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