
Lamentablemente, las señales que permiten a hombres y mujeres encontrar a la pareja que más les agrada se ven distorsionadas por la inseguridad sexual derivada de la obsesión por la belleza. Una mujer cohibida no puede relajarse para dejar aflorar su sensualidad. Si tiene hambre, estará tensa. Si está demasiado arreglada, estará pendiente de su reflejo en sus ojos. Si se avergüenza de su cuerpo, reprimirá sus movimientos. Si no se siente con derecho a reclamar atención, no exigirá ese espacio para brillar. Si su campo de visión está limitado por la «belleza» —una limitación que se va reduciendo—, simplemente no la verá, a ella, su verdadero amor, justo delante de él.
El mito de la belleza

Naomi Wolf
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