Oscar Wilde

Los labios estaban fríos, pero los besó. La miel del cabello era salada, pero la saboreó con amarga alegría. Besó los párpados cerrados, y el rocío salvaje que reposaba sobre ellos era menos salado que sus lágrimas. Y a la criatura muerta le confesó. En las conchas de sus orejas vertió el vino áspero de su relato. Rodeó su cuello con las manitas, y con los dedos tocó la delgada caña de su garganta. Amarga, amarga era su alegría, y su dolor, lleno de extraña dicha.
– Oscar Wilde –


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Los labios estaban fríos, pero los besó. La miel del cabello era salada, pero la saboreó con amarga alegría. Besó los párpados cerrados, y el rocío salvaje que reposaba sobre ellos era menos salado que sus lágrimas. Y a la criatura muerta le confesó. En las conchas de sus orejas vertió el vino áspero de su relato. Rodeó su cuello con las manitas, y con los dedos tocó la delgada caña de su garganta. Amarga, amarga era su alegría, y su dolor, lleno de extraña dicha.

El pescador y su alma


Autor FraseaME

Oscar Wilde


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