
En el corazón del racismo se encuentra Satanás, no el hombre. Nadie se complace más con la tensión racial en el mundo que el enemigo supremo de Dios. ¡Seguro que se maravilla de la superficialidad que solemos tener los humanos al odiarnos unos a otros simplemente por el color de nuestra piel! Si eres hijo del Dios Altísimo y participas en esta guerra de división y odio (aunque solo sea en pensamiento), estás luchando por el enemigo. Si este es tu caso, necesitas arrepentirte de este pecado y empezar a ver a los demás como Dios los ve, como creados a su imagen. De lo contrario, Satanás seguirá agitando tu mente con pensamientos que no solo avivarán aún más el odio racista que arde en tu interior, sino que te alejarán aún más de Aquel que vio tu cuerpo aún sin formar antes de la creación del mundo y te formó en el vientre de tu madre.

Patrick Higgins
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