Categoría: Charles Frazier

Charles Frazier

Ella apoyó la cabeza bajo su barbilla, y él sintió su peso sobre él. La abrazó con fuerza y las palabras brotaron de él sin pensarlo dos veces. Y esta vez no hizo ningún esfuerzo por contenerlas. Le contó la primera vez que la había mirado en la nuca mientras ella estaba sentada en el banco de la iglesia. De la sensación que nunca lo había abandonado desde entonces. Le habló del gran desperdicio de años entre entonces y ahora. Mucho tiempo. Y era inútil, dijo, pensar en cómo esos años podrían haberse aprovechado mejor, pues difícilmente podría haberlos empeorado. Ya no había forma de recuperarlos. Uno podría lamentarse sin cesar por la pérdida del tiempo y el daño causado en él. Por los muertos, y por uno mismo perdido. Pero lo que dice la sabiduría de los siglos es que hacemos bien en no lamentarnos sin fin. Y aquellos viejos sabían un par de cosas y tenían algo de verdad que decir, dijo Inman, porque uno puede lamentarse hasta el alma y al final sigue donde está. Todo tu dolor no ha cambiado nada. Lo que has perdido no te será devuelto. Siempre estará perdido. Solo te quedan tus cicatrices para marcar el vacío. Lo único que puedes elegir es seguir adelante o no. Pero si sigues adelante, es sabiendo que llevas tus cicatrices contigo. Sin embargo, durante todos esos años perdidos, había albergado en su mente el deseo de besarla en la nuca, y ahora lo había hecho. Había una especie de redención, creía, en la plena realización de un deseo tan postergado.
– Charles Frazier –