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Marco Aurelio

Los hombres buscan refugios para sí mismos, casas en el campo, costas y montañas; y tú también sueles desear tales cosas con vehemencia. Pero esto es propio de la gente común, pues está en tu poder, cuando quieras, retirarte a ti mismo. Porque en ningún otro lugar encuentra un hombre mayor tranquilidad ni mayor libertad de problemas que en su propia alma, especialmente cuando alberga pensamientos que, al contemplarlos, le brindan una paz absoluta; y afirmo que la tranquilidad no es otra cosa que el buen orden de la mente. Concédete, pues, este refugio constantemente y renuévate; y que tus principios sean breves y fundamentales, que, al recordarlos, bastarán para purificar completamente tu alma y liberarte de todo descontento con aquello a lo que regresas. Porque, ¿con qué estás descontento? ¿Con la maldad de los hombres? Recuerda esta conclusión: que los animales racionales existen unos para otros, que la perseverancia es parte de la justicia y que los hombres obran mal involuntariamente; y considera cuántos, después de la enemistad mutua, la sospecha, el odio y la lucha, ya han sido tendidos muertos, reducidos a cenizas; y al fin, cálmate. Pero tal vez estés insatisfecho con lo que te ha sido asignado del universo. Recuerda esta alternativa: o hay providencia o átomos, coincidencia fortuita de cosas; o recuerda los argumentos por los cuales se ha demostrado que el mundo es una especie de comunidad política, y al fin quédate en silencio.- Pero tal vez las cosas corpóreas aún se aferren a ti.- Considera entonces además que la mente no se mezcla con la respiración, ya sea que se mueva suave o violentamente, una vez que se ha separado y descubierto su propio poder, y piensa también en todo lo que has oído y asentido acerca del dolor y el placer, y al fin quédate en silencio.- Pero tal vez el deseo de la cosa llamada fama te atormente.- Mira cuán pronto se olvida todo, y mira el caos del tiempo infinito a cada lado del presente, y el vacío del aplauso, y la inconstancia y falta de juicio en aquellos que pretenden dar alabanza, y la estrechez del espacio dentro del cual está circunscrito, y al fin quédate en silencio. Porque toda la tierra es un punto, y cuán pequeño rincón en ella es este tu hogar, y cuán pocos hay en él, y qué clase de gente son los que te alabarán.
– Marco Aurelio –