Categoría: Patrick Rothfuss

Patrick Rothfuss

Lentamente comencé a darme cuenta de que la había estado mirando fijamente durante una cantidad de tiempo imposible. Perdido en mis pensamientos, perdido en su mirada. Pero su rostro no parecía ofendido ni divertido. Casi parecía como si estuviera estudiando las líneas de mi rostro, casi como si estuviera esperando. Quería tomar su mano. Quería rozar su mejilla con la punta de mis dedos. Quería decirle que era lo primero hermoso que había visto en tres años. Verla bostezar apoyando la mano en el dorso de su mano fue suficiente para quitarme el aliento. Cómo a veces perdía el sentido de sus palabras en el dulce aleteo de su voz. Quería decirle que si ella estaba conmigo, entonces de alguna manera nada volvería a estar mal para mí. En ese segundo sin aliento, casi le pregunté. Sentí la pregunta hervir desde mi pecho. Recuerdo tomar aire y luego dudar: ¿qué podía decir? ¿Ven conmigo? ¿Quédate conmigo? ¿Ven a la Universidad? No. Una certeza repentina se apoderó de mi pecho como un puño frío. ¿Qué podía preguntarle? ¿Qué podía ofrecer? Nada. Cualquier cosa que dijera sonaría ridícula, una fantasía infantil. Cerré la boca y miré al otro lado del agua. A pocos centímetros, Denna hizo lo mismo. Podía sentir su calor. Olía a polvo de la carretera, a miel, y al aroma que impregna el aire segundos antes de una fuerte lluvia de verano. Ninguno de los dos habló. Cerré los ojos. Su cercanía era lo más dulce y a la vez lo más intenso que jamás había experimentado.
– Patrick Rothfuss –