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Peter Ackroyd

También en sus escritos se refleja su espíritu londinense. En sus cartas, de carácter más familiar, exhibe una vivacidad urbana y divagante, una tendencia a desviarse del tema y a enredar la sintaxis. Poseía una mente brillantemente ecléctica, que captaba palabras e imágenes a la vez que las combinaba de forma novedosa e inesperada. Concebía varias ideas simultáneamente y, a veces, olvidaba separarlas en sus componentes. Esto también se aplicaba a sus conferencias, en las que brillantes percepciones se dispersaban en un mar de palabras. Como escribió en otra ocasión: «El lago no murmuraba menos, ni el viento susurraba, ni los pececitos saltaban de alegría al ver que su verdugo no estaba». Este estilo extrañamente retorcido y enrevesado caracteriza también sus versos, la mayoría de los cuales se añadían como comentarios a sus pinturas. Al igual que Blake, cuyos libros proféticos combinan palabras e imágenes de forma sublime, Turner deseaba expresar una idea completa. Como Blake, parecía considerar que el papel del poeta era, en parte, profético. La suya era una voz que clamaba en el desierto, y, quizás en secreto, tenía una elevada conciencia de su estatus y su vocación. Y, al igual que Blake, a menudo se le consideraba loco. Sin embargo, carecía del genio poético de Blake, lo cual se compensaba tal vez con el hecho de que, por consenso general, se le considera el artista superior.
– Peter Ackroyd –