Categoría: Robert Anton Wilson

Robert Anton Wilson

Estas ideas se pueden concretar con una parábola, que tomo prestada de la maravillosa novela de John Fowles, El Mago. Conchis, el personaje principal de la novela, se encuentra como alcalde de su ciudad natal en Grecia cuando comienza la ocupación nazi. Un día, tres partisanos comunistas que recientemente mataron a algunos soldados alemanes son capturados. El comandante nazi le da a Conchis, como alcalde, una opción: o Conchis ejecutará él mismo a los tres partisanos para dar ejemplo de lealtad al nuevo régimen, o los nazis ejecutarán a todos los hombres de la ciudad. ¿Debería Conchis colaborar con los nazis y asumir la culpa directa de matar a tres hombres? ¿O debería negarse y, por defecto, ser responsable de la muerte de más de 300 hombres? A menudo uso este enigma moral para determinar hasta qué punto las personas están hipnotizadas por la ideología. Los totalmente hipnotizados, por supuesto, tienen una respuesta inmediata; saben sin lugar a dudas qué es correcto, porque se han memorizado el manual de instrucciones. Da igual en qué libro de reglas se basen —en el de Ayn Rand, en el de Joan Baez, en el del Papa, en el de Lenin o en el de Elephant Doody Comix—, la hipnosis se manifiesta por la falta de pausa para pensar, sentir y evaluar. La respuesta es inmediata porque es mecánica. Quienes no están totalmente hipnotizados —quienes tienen cierta conciencia de eventos concretos del espacio-tiempo sensorial, fuera de sus cabezas— encuentran el problema terrible y aterrador, y admiten que no conocen ninguna respuesta «correcta». Yo tampoco conozco la respuesta «correcta», y dudo que exista. El universo puede que no contenga respuestas «correctas» e «incorrectas» para todo solo porque los ideólogos quieran tenerlas en todos los casos, del mismo modo que no proporciona agua corriente caliente y fría antes de que los humanos empiecen a manipularla. Estoy seguro de que, para quienes despiertan de la hipnosis, cada hora de cada día presenta opciones tan desconcertantes (aunque afortunadamente no tan monstruosas) como esta parábola. Por eso parece una carga terrible ser consciente de quién eres, dónde estás y qué sucede a tu alrededor, y por eso la mayoría de la gente prefiere refugiarse en la ideología, la abstracción, el mito y la autohipnosis. Salir de nuestra mente, entonces, también significa volver en sí, literalmente: vivir conscientes de la botella de cerveza sobre la mesa y del cuerpo sangrante en la calle. Sin ánimo de polémica, creo que esto implica despertar de la hipnosis en un sentido muy literal. Solo una persona puede hacerlo a la vez, y nadie más puede hacerlo por ti. Tienes que hacerlo completamente solo.
– Robert Anton Wilson –