Categoría: Terry Tempest Williams

Terry Tempest Williams

No escribo todos los días. Escribo sobre las preguntas y los problemas que se me presentan. Escribo para cumplir con los plazos. Escribo por pasión. Y escribo para reconciliarme con mi propia naturaleza contradictoria. Para mí, escribir es una práctica espiritual. Un pequeño cuenco de agua reposa sobre mi escritorio, un recordatorio de que, aunque no haya nada escrito en la página, algo sucede en la habitación: la evaporación. Y siempre enciendo una vela cuando empiezo a escribir, un recordatorio de que he entrado en otro reino, llamémoslo el reino del Espíritu. Soy consciente de que cuando uno escribe, abandona este mundo y entra en otro. Mis libros son collages hechos con diarios, investigaciones y experiencias personales. Me encantan las imágenes plasmadas en las entradas del diario, la inmediatez que se captura en la página, las notas manuscritas. Me encanta la profundidad de las ideas y la perspectiva que la investigación aporta a una historia, ya sean estudios biológicos o antropológicos, o las ideas que aporta a la página el trabajo académico de los historiadores del arte. Cuando entro en una biblioteca, me siento como un detective buscando resolver un misterio. Me inspira profundamente la búsqueda del conocimiento a través de diversas fuentes. Leo periódicos con avidez. Me encanta lo que dicen sobre la cultura contemporánea. Y luego uno vuelve a sus propias percepciones, a sus propias palabras, y las contrasta con todo lo que ha reunido. Me interesa el caleidoscopio de ideas, cómo se integran múltiples hilos de pensamiento en un libro y se entrelazan como una sola pieza coherente, mientras que al mismo tiempo se intenta crear un lenguaje bello al servicio de la historia. Este es el trabajo arduo del escritor. Escribir también implica una vida comprometida. Por eso, para mí, el trabajo comunitario, trabajar en las escuelas o con organizaciones de conservación de base, es otro componente fundamental de mi vida como escritor. No puedo separar la vida de escritor de la vida espiritual, de la vida como maestro o activista, ni de mi vida entrelazada con la familia y las responsabilidades que asumimos en nuestros hogares. Escribir es atreverse a sentir lo que nutre y lo que nos rompe el corazón. Dar testimonio es una forma de defensa en sí misma. Es una danza con el dolor y la belleza.
– Terry Tempest Williams –