Etiqueta: ira

Thomas J. Harbin

Muchos hombres se encuentran incapaces de lidiar incluso con la más mínima frustración. Se enojan por cosas triviales, como la mina rota de un lápiz o una hamburguesa demasiado hecha. Su ira estalla y se descontrola. Sienten que están constantemente bajo ataque, que todos están en su contra y que nadie los entiende ni se preocupa por ellos. Incluso pueden volverse supersticiosos y creer que el destino está en su contra o que Dios se ha vuelto contra ellos. Esta sensación de falta de control conduce a un estado de frustración e ira continuas. Esta tendencia a reaccionar con ira instantánea se puede llamar furia. La furia es una ira que nunca desaparece por completo. A diferencia de la ira común, no es una respuesta a un evento específico; más bien, es una respuesta condicionada o una tendencia. En otras palabras, es una forma automática de reaccionar ante el mundo sin pensarlo mucho. Cuando reaccionas con ira ante cada vez más situaciones, se convierte en tu respuesta habitual. A menudo puedes encontrarte gritando furiosamente o hirviendo por dentro sin siquiera saber qué fue lo que te enojó tanto. La furia ve un ataque personal en cada desacuerdo. La ira te hace sentir amenazado incluso cuando no hay ninguna amenaza. Y la ira te lleva a contraatacar con ferocidad incluso ante la menor amenaza. La ira es como un animal herido: ataca todo lo que se mueve. Y, al igual que con un animal herido, los ataques no alivian el dolor. La ira despersonaliza a las personas y los acontecimientos, convirtiéndolos en un «ellos» sin rostro ni nombre.
– Thomas J. Harbin –