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Michelle Franklin

Los libros son una necesidad absoluta. Siempre llevo conmigo al menos dos a donde quiera que vaya, por no hablar de mi colección digital, y siempre que puedo ponerme con una nueva y deliciosa lectura, la termino con calma, para saborearla con toda la estima que merece, deleitándome con su placer, saboreando cada palabra con ardiente afecto. Tengo una extensa biblioteca de la que jamás podría prescindir, y hay al menos cuatro libros adornando cada superficie de mi casa. Una mesa no está bien puesta sin un libro que la acompañe. La mitad de mi gran colección es de no ficción, principalmente libros de ciencia e historia, que abarcan desde la arqueología hasta la agricultura, y mi sección de ficción está dedicada a los clásicos, en su mayoría libros publicados antes de que el mundo olvidara la prosa exquisita. Tengo todos los grandes en tapa dura, pero no los leo: la tapa dura es solo para oler y tocar. De todos mis autores favoritos, tengo ejemplares para leer, que puedo llevar conmigo a cualquier parte, para leer en cafés o para usarlos como arma contra visitantes indeseados, pero los libros siempre están de moda, incluso como adornos; a todo el mundo le gusta un lector, pues una buena colección de libros denota una intelectualidad que siempre está de moda. Jamás te dejes llevar por la frialdad de quienes rechazan la grandeza de los libros: no hay nada más repulsivo que el analfabetismo deliberado.
– Michelle Franklin –