Dan Ariely

Otra empresa ideó una estrategia aún más brillante: que nadie pudiera tener su propio cubículo. El sistema estaba diseñado de tal manera que quienes llegaban más temprano por la mañana podían ocupar los cubículos más cercanos a las ventanas. Ninguno de los cubículos tenía más que un escritorio, una toma de corriente para la computadora y una silla. Nadie podía sentirse conectado con su espacio de trabajo. En definitiva, al crear este ambiente, la empresa comunicaba a los empleados que solo se les valoraba por su productividad directa y que eran fácilmente reemplazables.
– Dan Ariely –

Dan Ariely
Recompensa: La lógica oculta que moldea nuestras motivaciones

 

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