Franz Kafka

Cuando el ratoncito, amado como ningún otro en el mundo de los ratones, cayó en una trampa una noche y, con un chillido agudo, perdió la vida por la vista del tocino, todos los ratones del vecindario, en sus madrigueras, temblaron y se estremecieron; con los ojos parpadeando incontrolablemente, se miraron unos a otros, mientras sus colas raspaban el suelo afanosamente y sin sentido. Luego salieron, vacilantes, empujándose unos a otros, todos atraídos hacia la escena de la muerte. Allí yacía, el querido ratoncito, con el cuello atrapado en el hierro mortal, las patitas rosadas encogidas, y ahora rígido el débil cuerpo que tan bien habría merecido un trozo de tocino. Los padres estaban a su lado y contemplaron los restos de su cría.
– Franz Kafka –

Franz Kafka
Cuadernos Octavo azules

 

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