Gillian Flynn

La vieja Amy, la chica de la risa contagiosa y la vida fácil, se desprendió literalmente, un montón de piel y alma en el suelo, y dio paso a esta nueva Amy, frágil y amarga… un nudo de alambre de púas que me desafiaba a desatarla, y yo no estaba a la altura con mis dedos gruesos, entumecidos y nerviosos. Dedos de campo. Dedos de provincia, sin entrenamiento en el intrincado y peligroso trabajo de «descifrar a Amy». Cuando yo alzaba los muñones ensangrentados, ella suspiraba y recurría a sus cuadernos mentales secretos donde anotaba todas mis deficiencias, siempre señalando decepciones, debilidades, carencias.
– Gillian Flynn –

Gillian Flynn
Perdida

 

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