Henry David Thoreau

Al caer el sol, vi a un solitario barquero disfrutando de las tranquilas aguas del lago. El rocío parecía purificar el aire, y me envolvió una quietud infinita. Tomé el mundo, por así decirlo, por la nuca, y lo sostuve bajo la marea de sus propios acontecimientos, hasta que se ahogó, y entonces lo dejé ir río abajo como un perro muerto. Vastos abismos de silencio se extendían a mi alrededor, y mi ser se expandió proporcionalmente, llenándolos. Fue entonces cuando por primera vez pude apreciar el sonido y encontrarlo musical.
– Henry David Thoreau –

Henry David Thoreau
Cartas a un buscador espiritual

 

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