Margaret Drabble

En aquel entonces era más fácil ignorar la influencia de los genes paternos que ahora. No nos sentíamos atrapados por la genética. Creíamos que cada bebé nacía puro, nuevo y sagrado: un bebé de oro, un cordero luminoso. Desconocíamos que ciertas formas de cáncer de mama eran prehistóricas y casi inevitables, y no te habríamos creído si nos hubieras dicho que, en nuestra época, las jóvenes se someterían a mastectomías preventivas.
– Margaret Drabble –

Margaret Drabble
El bebé de oro puro

 

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