Robert Hass

Pero normalmente no. Normalmente piensa en el camino a su casa, si los ciervos se habían comido las puntas de los helechos, por qué no se comen los saprófitos de menta que brotan a lo largo del arroyo; o visualiza la llegada a la cabaña, sus grandes ventanas, las fucsias frente a ella donde los colibríes de Anna siempre revolotean con su plumaje verde sucio y gargantas enjoyadas. A veces piensa en su sueño, aquel en el que su madre despierta sin manos. La cabaña huele a pintura al óleo, pero también a pino. El toque del pintor es sexual y no sexual, como ella misma es… Cuando el recuerdo de aquel tiempo le vino a la mente, estaba teñido de extrañeza porque no encajaba con los demás acontecimientos de su vida. Yacía en su memoria como un trozo de azulejo roto, de color salmón o del verde intenso de las hojas mojadas, hermoso en sí mismo pero inservible en el diseño que estaba haciendo.
– Robert Hass –

Robert Hass
Deseos humanos

 

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