
Muchos eruditos olvidan, me parece, que nuestro disfrute de las grandes obras de la literatura depende más de la profundidad de nuestra empatía que de nuestra comprensión. El problema es que muy pocas de sus laboriosas explicaciones se quedan grabadas en la memoria. La mente las deja caer como una rama deja caer su fruto demasiado maduro. … Una y otra vez pregunto con impaciencia: «¿Por qué preocuparme por estas explicaciones e hipótesis?». Vuelan de un lado a otro en mi pensamiento como pájaros ciegos que aletean inútilmente. No pretendo oponerme a un conocimiento profundo de las obras famosas que leemos. Me opongo únicamente a los interminables comentarios y a las desconcertantes críticas que solo enseñan una cosa: que hay tantas opiniones como hombres.

Helen Keller
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