
La lluvia incesante cae rápido, y aquella veleta dorada, inamovible durante tres días, apunta al brumoso mar, me empuja hacia mí mismo y hacia los destellos del fuego, hacia los agradables libros que llenan mi estante, y sueños aún más agradables, leo todo lo que los bardos han cantado sobre tierras más allá del mar, y los brillantes días de mi juventud vuelven a mí en masa. En mi imaginación puedo oír de nuevo el rugido del torrente alpino, las campanas de las mulas en las colinas de España, el mar en Elsinore. Veo el muro brillante del convento elevarse desde sus arboledas de pinos, y las altas torres de antiguas catedrales, y castillos junto al Rin. Continúo mi viaje por parques y agujas, bajo árboles centenarios, a través de campos con amapolas en llamas, y destellos de mares lejanos. Ya no temo al polvo ni al calor, ya no siento fatiga, mientras viajo con los pies de otro sobre muchas leguas cada vez más largas. Que otros Recorro mar y tierra, y trabajo en diversos climas, doy la vuelta al mundo con mi mano leyendo las rimas de estos poetas. De ellos aprendo lo que yace bajo cada zona cambiante, y veo, al mirar con sus ojos, mejor que con los míos.
Poemas completos de Henry Wadsworth Longfellow

Henry Wadsworth Longfellow
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