
La idea de un método que contenga principios firmes, inmutables y absolutamente vinculantes para la práctica científica se topa con considerables dificultades al confrontarse con los resultados de la investigación histórica. Descubrimos, pues, que no existe una sola regla, por plausible y sólidamente fundamentada en la epistemología que sea, que no se haya infringido en algún momento. Resulta evidente que tales infracciones no son sucesos accidentales, ni resultado de un conocimiento insuficiente o de una falta de atención que podría haberse evitado. Por el contrario, vemos que son necesarias para el progreso. De hecho, uno de los aspectos más llamativos de los debates recientes en la historia y la filosofía de la ciencia es la constatación de que acontecimientos y desarrollos, como la invención del atomismo en la antigüedad, la Revolución Copernicana, el auge del atomismo moderno (teoría cinética, teoría de la dispersión, estereoquímica, teoría cuántica) y la aparición gradual de la teoría ondulatoria de la luz, se produjeron únicamente porque algunos pensadores decidieron no someterse a ciertas reglas metodológicas «obvias» o porque las infringieron involuntariamente.
Contra el método: Esbozo de una teoría anarquista del conocimiento.

Pablo Karl Feyerabend
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