
muchos años después, ya como estudiante adulto de historia, Knecht percibiría con mayor claridad que la historia no puede existir sin la sustancia y el dinamismo de este mundo pecaminoso de egoísmo e instinto, y que incluso creaciones tan sublimes como la Orden nacieron en este torrente turbulento y tarde o temprano serán engullidas por él de nuevo… Y esto nunca fue para él un mero problema intelectual. Más bien, lo involucraba en lo más profundo de su ser, y lo sentía en parte como su responsabilidad. La suya era una de esas naturalezas que pueden enfermar, languidecer y morir cuando ven un ideal en el que han creído, o el país y la comunidad que aman, afligidos por males.
El juego de las cuentas de vidrio

Hermann Hesse
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