
¿Desean unirse a mí en acción de gracias cuando oyen cómo, por tu don, me he acercado a ti, y oran por mí cuando oyen cómo me siento frenado por mi propio peso? …Una mente fraternal amará en mí lo que enseñas a amar, y lamentará en mí lo que enseñas a lamentar. Esta es una señal de la mente de un hermano cristiano, no de un extraño, no de «los hijos de extranjeros cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de iniquidad» (Salmo 143:7-7). Una persona fraternal se alegra por mí cuando me aprueba, pero cuando me desaprueba, me está amando. A tales personas me revelaré. Se animarán con mis buenas cualidades y suspirarán con tristeza por mis defectos. Mis virtudes son infundidas por ti y son tus dones. Mis defectos son mis faltas y tus juicios sobre ellas. Que se animen con lo primero y lamenten lo segundo. Que tanto la alabanza como las lágrimas asciendan ante ti desde corazones fraternales, tus incensarios. …Pero tú, Señor…Haz perfectas mis imperfecciones.
Confesiones

Agustín de Hipona
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