
Me sentía como una nueva especie de niña. Ni un niño (definitivamente), ni una (simple) niña. Esa raza de mujeres vestidas con faldas que se movían perpetuamente sirviendo té no tenía nada que ver conmigo. Tenía grandes esperanzas, ¿sabes? Los límites del mundo parecían inmensos. Visitaría Roma, París, Constantinopla. En mi mente se presentaban cafés subterráneos donde, apretujados contra paredes húmedas, un amigo (guapo, generoso) y yo nos sentábamos a conversar sobre… muchas cosas. Cosas profundas, ideas nuevas. Extrañas luces verdes brillaban en las calles, el mar chapoteaba cerca contra amarres grasientos e inclinados; había problemas en marcha, una revolución, en la que mi amigo y yo debíamos… Bueno, como suele suceder, mis esperanzas… no se hicieron realidad.
Lincoln en el Bardo

George Saunders
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras