
No te avergüenzas de tu pecado [al cometer adulterio] porque muchos hombres lo cometen. La maldad del hombre es ahora tal que los hombres se avergüenzan más de la castidad que de la lujuria. Asesinos, ladrones, perjuros, falsos testigos, saqueadores y estafadores son detestados y odiados por la gente en general, pero quien se acuesta con su sirvienta en descarada lujuria es apreciado y admirado por ello, y la gente minimiza el daño a su alma. Y si algún hombre tiene el valor de decir que es casto y fiel a su esposa y esto se sabe, se avergüenza de relacionarse con otros hombres, cuyo comportamiento no es como el suyo, porque se burlarán de él y lo despreciarán, diciendo que no es un verdadero hombre; pues la maldad del hombre es ahora de tales proporciones que nadie es considerado un hombre a menos que sea vencido por la lujuria, mientras que quien vence la lujuria y permanece casto es considerado cobarde.
Sermones 1-19

Agustín de Hipona
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