
Su cráneo sin ojos observó la hilera de disfraces, los restos cerosos de la mesa de maquillaje. Sus fosas nasales vacías aspiraron la mezcla de olores a naftalina, grasa y sudor. Había algo allí, pensó, que casi pertenecía a los dioses. Los humanos habían construido un mundo dentro del mundo, que lo reflejaba prácticamente igual que una gota de agua refleja el paisaje. Y sin embargo… y sin embargo… Dentro de este pequeño mundo se habían esmerado en colocar todo aquello de lo que uno pensaría que querrían escapar: el odio, el miedo, la tiranía, etcétera. La muerte estaba intrigada. Creían querer ser extraídos de sí mismos, y cada arte que los humanos imaginaban los llevaba más adentro.
Hermanas Wyrd

Terry Pratchett
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