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Alexander Meiklejohn

Hay quienes en nuestra sociedad afirman que el interés público se sirve mejor cuando la intervención gubernamental se reduce al mínimo, y especialmente cuando se mantiene con un carácter negativo. Sin embargo, en estos momentos, la nación en su conjunto parece avanzar con rapidez y decisión —al igual que el mundo entero— en la dirección opuesta. Cada vez más, los estadounidenses impulsamos nuevas formas de acción gubernamental positiva para el bien común. Entre estas dos tendencias, la lucha se vuelve cada día más abierta e intensa. Y al librar este conflicto, conviene recordar que la lógica de la Constitución no respalda a ninguno de los dos bandos en detrimento del otro. Tenemos la libertad, como debe tenerla cualquier pueblo que se autogobierna, de determinar mediante decisiones específicas cómo será nuestra economía. Sería absurdo afirmar que la Constitución nos compromete con las políticas económicas del socialismo. Pero igualmente absurdos son los argumentos con los que, en el debate actual, se nos insta a defender las prácticas del capitalismo, de la llamada «libre empresa», como esenciales para la libertad del estilo de vida estadounidense. El estilo de vida estadounidense es libre porque es lo que nosotros, los estadounidenses, elegimos libremente —de vez en cuando— que sea.
– Alexander Meiklejohn –