Categoría: Bill Wilson

Bill Wilson

Cuando nos retiramos a dormir, revisamos constructivamente nuestro día. ¿Fuimos resentidos, egoístas, deshonestos o temerosos? ¿Debemos una disculpa? ¿Nos hemos guardado algo que deberíamos haber compartido con alguien de inmediato? ¿Fuimos amables y cariñosos con todos? ¿Qué podríamos haber hecho mejor? ¿Pensamos en nosotros mismos la mayor parte del tiempo? ¿O pensamos en lo que podíamos hacer por los demás, en lo que podíamos aportar a la vida? Pero debemos tener cuidado de no caer en la preocupación, el remordimiento o la reflexión morbosa, pues eso disminuiría nuestra utilidad para los demás. Después de hacer nuestra revisión, pedimos perdón a Dios y preguntamos qué medidas correctivas debemos tomar. Al despertar, pensemos en las veinticuatro horas que tenemos por delante. Consideramos nuestros planes para el día. Antes de comenzar, le pedimos a Dios que guíe nuestros pensamientos, especialmente que estén libres de autocompasión, deshonestidad o motivos egoístas. En estas condiciones podemos emplear nuestras facultades mentales con seguridad, pues después de todo, Dios nos dio cerebros para usarlos. Nuestra vida mental se elevará a un plano mucho más alto cuando nuestros pensamientos se liberen de motivos erróneos. Al reflexionar sobre nuestro día, podemos enfrentarnos a la indecisión. Puede que no seamos capaces de determinar qué camino tomar. Aquí le pedimos a Dios inspiración, un pensamiento intuitivo o una decisión. Nos relajamos y lo tomamos con calma. No nos esforzamos. A menudo nos sorprende cómo llegan las respuestas correctas después de haberlo intentado durante un tiempo. Lo que antes era una corazonada o una inspiración ocasional se convierte gradualmente en una parte activa de la mente. Siendo aún inexpertos y habiendo hecho un contacto consciente con Dios recientemente, no es probable que estemos inspirados en todo momento. Podríamos pagar por esta presunción con todo tipo de acciones e ideas absurdas. Sin embargo, descubrimos que nuestro pensamiento, con el paso del tiempo, estará cada vez más en el plano de la inspiración. Llegamos a confiar en ella. Solemos concluir el período de meditación con una oración para que se nos muestre durante todo el día cuál debe ser nuestro próximo paso, para que se nos dé lo que necesitamos para resolver tales problemas. Pedimos especialmente liberación de la voluntad propia y nos cuidamos de no pedir nada solo para nosotros mismos. Sin embargo, podemos pedirlo si eso beneficia a otros. Nos cuidamos de no orar nunca por nuestros propios intereses. Muchos hemos perdido mucho tiempo haciéndolo y no funciona. Es fácil entender por qué.
– Bill Wilson –