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Boris Pasternak

Tras dos o tres estrofas y varias imágenes que lo asombraron, su obra lo cautivó y experimentó la llegada de lo que se conoce como inspiración. En tales momentos, la correlación de las fuerzas que controlan al artista se invierte, por así decirlo. El dominio ya no recae en el artista ni en el estado de ánimo que intenta expresar, sino en el lenguaje, su instrumento de expresión. El lenguaje, hogar y morada de la belleza y el significado, comienza a pensar y hablar por el hombre, transformándose por completo en música, no en el sentido de sonidos externos y audibles, sino en virtud del poder y el ímpetu de su flujo interior. Entonces, como la corriente de un río caudaloso que pule piedras y hace girar ruedas con su propio movimiento, el fluir del habla crea, por la fuerza de sus propias leyes, rima, ritmo e innumerables otras formas y formaciones, aún más importantes y hasta ahora desconocidas, ignoradas y sin nombre. En esos momentos, Yury sentía que la mayor parte de su trabajo no la realizaba él, sino algo que estaba por encima de él y lo controlaba: el pensamiento y la poesía del mundo tal como era en ese momento y como sería en el futuro. Estaba controlado por el siguiente paso que debía dar en el orden de su desarrollo histórico; y se sentía solo como el pretexto y el eje que lo ponía en movimiento… Al descifrar estos garabatos, experimentó las decepciones habituales. La noche anterior, estos pasajes toscos lo habían asombrado y conmovido hasta las lágrimas por ciertos versos inesperadamente logrados. Ahora, al releer esos mismos versos, se entristeció al descubrir que eran forzados y descabellados.
– Boris Pasternak –