Categoría: Immanuel Kant

Immanuel Kant

Nuestra crítica no se opone al *procedimiento dogmático* de la razón en su conocimiento puro como ciencia (pues la ciencia siempre debe ser dogmática, es decir, derivar su prueba de principios *a priori* seguros), sino solo al *dogmatismo*, es decir, a la presunción de que es posible progresar con conocimiento puro (filosófico) a partir de conceptos según principios, como los que la razón ha usado durante mucho tiempo, sin antes indagar de qué manera y por qué derecho los ha adquirido. El dogmatismo es, por lo tanto, el procedimiento dogmático de la razón pura, *sin una crítica previa de sus propias capacidades*; y nuestra oposición a esto no pretende defender esa superficialidad locuaz que se arroga el nombre de popularidad, y mucho menos ese escepticismo que desmantela por completo la metafísica. Por el contrario, nuestra crítica pretende constituir una preparación necesaria para sustentar la metafísica como una ciencia rigurosa, que debe llevarse a cabo necesariamente de forma dogmática y sistemática, para satisfacer todas las exigencias, no tanto del público en general, sino de las Escuelas. Esta es una exigencia indispensable, pues se ha comprometido a realizar su trabajo completamente a priori, y así llevarlo a cabo para la plena satisfacción de la razón especulativa. En la ejecución de este plan, tal como se traza en la crítica, es decir, en un futuro sistema metafísico, tendremos que seguir el método riguroso del célebre Wolff, el más grande de todos los filósofos dogmáticos. Él fue el primero en dar ejemplo (e inició, con su ejemplo, en Alemania, ese espíritu de rigor que aún perdura) de cómo el rumbo seguro de una ciencia solo puede alcanzarse mediante el establecimiento legítimo de principios, la clara determinación de conceptos, el esfuerzo por la rigurosidad de la prueba y la evitación de saltos audaces en nuestras inferencias. Por lo tanto, estaba eminentemente capacitado para otorgar a la metafísica la dignidad de ciencia, si tan solo se le hubiera ocurrido preparar el terreno previamente mediante la crítica del órgano, es decir, de la razón pura misma; una omisión debida no tanto a él como a la mentalidad dogmática de su época, sobre la cual los filósofos de su tiempo, así como los de todas las épocas anteriores, no tienen derecho a reprocharse mutuamente. Quienes rechazan tanto el método de Wolff como el procedimiento de la crítica de la razón pura no pueden tener otro objetivo que liberarse por completo de las ataduras de la ciencia y, de este modo, convertir el trabajo en juego, la certeza en opinión y la filosofía en filodoxia. —de *Crítica de la razón pura*. Prefacio a la segunda edición. Traducido, editado y con introducción de Marcus Weigelt, basado en la traducción de Max Müller, pp. 28-29.
– Immanuel Kant –