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Mircea Eliade

Un hombre no religioso hoy ignora lo que considera sagrado, pero, en la estructura de su conciencia, no podría prescindir de las ideas de ser y de lo significativo. Puede que considere estos aspectos como puramente humanos. Lo que vemos hoy es que el hombre se considera sin nada sagrado, sin dios; pero aun así su vida tiene sentido, porque sin él no podría vivir; estaría sumido en el caos. Busca el ser y no lo llama inmediatamente ser, sino sentido u objetivos; se comporta en su existencia como si tuviera una especie de centro. Va a algún lugar, hace algo. No vemos nada religioso aquí; solo vemos al hombre comportándose como un ser humano. Pero como historiador de la religión, no estoy seguro de que no haya nada religioso aquí… No puedo considerar exclusivamente lo que ese hombre me dice cuando conscientemente afirma: «No creo en Dios; creo en la historia», etc. Por ejemplo, no creo que Jean-Paul Sartre se entregue por completo a su filosofía, porque sé que Sartre duerme, sueña, le gusta la música y va al teatro. Y en el teatro se adentra en una dimensión temporal en la que ya no vive su «momento histórico». Allí vive en una dimensión completamente distinta. Vivimos en otra dimensión cuando escuchamos a Bach. El drama ofrece otra experiencia del tiempo. Pasamos dos horas en una obra, y sin embargo, el tiempo representado en ella abarca años y años. También soñamos. Este es el hombre completo. No puedo separar a este hombre completo y creer inmediatamente a alguien cuando conscientemente dice que no es religioso. Creo que, inconscientemente, este hombre todavía se comporta como el «homo religiosus», tiene alguna fuente de valor y significado, algunas imágenes, se nutre de su inconsciente, del universo imaginario de los poemas que lee, de las obras de teatro que ve; todavía vive en universos diferentes. No puedo limitar su universo a ese universo puramente autoconsciente y racionalista que pretende habitar, puesto que ese universo no es humano.
– Mircea Eliade –