Categoría: William S. Wilson

William S. Wilson

Durante esa media hora en la sala de partos del hospital fui íntima con la inmensidad, durante ese medio minuto antes del nacimiento sostuve sus manos y durante esa duración los tres fuimos indivisos, sentí la sangre de su pulso mientras nos apretábamos las manos, sentí su sangre latir al ritmo que llegó al bebé mientras se deslizaba en las manos del médico, y durante unos días tocamos esa inmensidad, vimos a través de sus ojos una inmensa intimidad, vimos de dónde venía, me sentí importante estando a su lado, y la sensación duró cuando entramos en nuestro coche para el viaje a casa, pensando para mí misma que no se nos podía confiar a nuestro bebé, la sensación duró mientras nos medía contra el paisaje, la lluvia de febrero, el cielo plomizo, y luego la lluvia congelándose en la carretera, la calidez del interior del coche con su cúpula y puertas transparentes e irrompibles, hasta que el coche patinó sobre el hielo en el carril y giró para que pudiera tomarme una hora para describir cómo levanté las manos con angustia cuando el bebé se me escapó de los brazos y Latigazo contra el rostro de su madre reflejado en la puerta de cristal, y ella volvió a tomar al bebé en sus brazos mientras el coche se detenía suavemente en su lugar habitual al final del camino de entrada, y nada más que el silencio y unas gotas de sangre en una fosa nasal sugerían que ahora seríamos íntimos con las inmensidades de la muerte («Interino»).
– William S. Wilson –